Hechos de los Apóstoles

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Hechos de los Apóstoles 25

¡He aquí un pueblo!

1 - 5 Pablo acusado ante Festo 6 - 12 Pablo apela al emperador 13 - 22 Festo lleva el caso ante Agripa 23 - 27 Pablo llevado ante Agripa

1 - 5 Pablo acusado ante Festo

1 Festo, entonces, tres días después de haber llegado a la provincia, subió a Jerusalén desde Cesarea. 2 Y los principales sacerdotes y los judíos más influyentes le presentaron acusaciones contra Pablo, e instaban a Festo, 3 pidiéndole, contra Pablo, el favor de que lo hiciera traer a Jerusalén (preparando ellos, [al mismo tiempo,] una emboscada para matarlo en el camino). 4 Pero Festo respondió que Pablo estaba bajo custodia en Cesarea, y que en breve él mismo partiría [para allá.] 5 Por tanto, dijo, que los más influyentes de vosotros vayan allá conmigo, y si hay algo malo en el hombre, que lo acusen.

La situación en torno a Pablo ha cambiado. Festo, quien sucedió a Félix como gobernador de Judea, se había instalado en Cesarea. Cesarea era la capital política, mientras que Jerusalén era la capital religiosa de Judea, el corazón del judaísmo. Mantener buenas relaciones con Jerusalén era fundamental para conservar la paz en la región. Por ello, poco después de establecerse en su residencia oficial en Cesarea, Festo sube a Jerusalén para reunirse con los dirigentes.

Allí se enfrenta de inmediato al caso de Pablo. Después de dos años, los judíos no han olvidado a Pablo ni han perdido su odio hacia él. Desde su llegada a Jerusalén, los judíos siempre han tenido como objetivo su muerte (Hch 21:27-31; 22:22; 23:10-15; 25:3). Su odio asesino no ha disminuido. Un nuevo gobernador representa una nueva oportunidad para deshacerse de su archienemigo.

Una delegación de principales sacerdotes y judíos distinguidos presenta una acusación contra Pablo durante la visita. La importancia del grupo acusador deja claro cuánto les sigue molestando el caso de Pablo. Además de la acusación, presentan una petición: Pablo sigue encarcelado en Cesarea y solicitan que sea trasladado a Jerusalén. Ahora que Festo está presente y ellos también, el caso podría resolverse.

Su plan es emboscar a Pablo en el camino y matarlo. Tampoco confían en que Festo condene a Pablo. Si logran organizarlo de modo que ellos mismos lo maten, se librarán definitivamente de su enemigo.

Pero eso no sucede. Festo puede haber oído hablar de los planes anteriores o haberlos leído en los informes, pero no accede a la petición de los judíos. Pablo permanece en Cesarea, adonde Festo regresaría pronto. Aquí vemos la mano de Dios. Festo quiere complacer a los judíos en la medida en que les permite que los hombres influyentes viajen con él y acusen a Pablo en Cesarea.

6 - 12 Pablo apela al emperador

6 Después de haberse quedado no más de ocho o diez días entre ellos, descendió a Cesarea, y al día siguiente se sentó en el tribunal y ordenó que trajeran a Pablo. 7 Cuando este llegó, lo rodearon los judíos que habían descendido de Jerusalén, presentando contra él muchas y graves acusaciones que no podían probar, 8 mientras Pablo decía en defensa propia: No he cometido ningún delito, ni contra la ley de los judíos, ni contra el templo, ni contra el César. 9 Pero Festo, queriendo hacer un favor a los judíos, respondió a Pablo, y dijo: ¿Estás dispuesto a subir a Jerusalén y a ser juzgado delante de mí por estas [acusaciones]? 10 Entonces Pablo respondió: Ante el tribunal del César estoy, que es donde debo ser juzgado. Ningún agravio he hecho a [los] judíos, como también tú muy bien sabes. 11 Si soy, pues, un malhechor y he hecho algo digno de muerte, no rehúso morir; pero si ninguna de esas cosas de que estos me acusan es [verdad,] nadie puede entregarme a ellos. Apelo al César. 12 Entonces Festo, habiendo deliberado con el consejo, respondió: Al César has apelado, al César irás.

Al cabo de ocho o diez días, Festo regresó a Cesarea. Al día siguiente de su regreso, se sentó en el tribunal y ordenó que trajeran a Pablo. Al sentarse en el tribunal, el tratamiento del «caso de Pablo» adquiere un carácter oficial. Pero, ¿qué clase de juez ocupa su asiento? Es una persona que solo vela por sus propios intereses.

Esto mismo le sucedió a Pilato, de quien también leemos que se sentó «en el tribunal» (Jn 19:13) para juzgar al Juez de toda la tierra (Gén 18:25) que estaba ante él. La justicia que pronunció fue la mayor y más grosera forma de injusticia jamás cometida.

Es un gran estímulo saber que, frente a todos los tribunales terrenales, hay un tribunal celestial. En los tribunales terrenales se sientan personas incapaces de juzgar imparcialmente. En el tribunal celestial se sienta Alguien que juzgará perfectamente (Rom 14:10; 2Cor 5:10).

Ante Festo aparecen también los judíos que acudieron invitados por él. Lucas menciona que «lo rodearon», lo que presumiblemente se refiere a Pablo. Como sabuesos lo rodearon. Entonces soltaron un torrente de «muchas y graves acusaciones». Lucas no entra en detalles sobre su contenido. De la defensa de Pablo podemos deducir de qué puntos le acusaban.

Como los judíos aún no han logrado un resultado en su acusación, habrán hecho las acusaciones muy severas y las habrán extendido lo más posible. Al hacerlo, han violado la verdad de manera terrible. Por lo tanto, no es de extrañar que sean incapaces de probar una sola acusación. Es precisamente su exageración en las acusaciones lo que facilita que Pablo pueda defenderse.

Además, lo que es importante para los judíos no interesa en absoluto a Festo. ¿Qué tiene que ver con la ley de los judíos? Cuando los judíos acusan a Pablo de enseñar a las naciones que no tienen que guardar la ley, eso no significa nada para él. Lo mismo ocurre con la acusación de que profanó el templo.

La acusación de que habría hecho algo contra el emperador podría ser algo importante. Esta acusación se basaba en la predicación de otro rey distinto del emperador, a saber, Jesús (Hch 17:7). Pero Pablo no hizo ningún llamamiento a rebelarse contra el emperador. Al contrario, enseñó que había que someterse al gobierno (Rom 13:1).

Este no es un asunto para Festo. Tiene claro que no se trata de alguien peligroso para el Estado, alguien que está poniendo en peligro la tan aclamada «Pax Romana», la paz romana. Aunque hasta ahora Festo ha actuado correctamente y debería haber liberado a Pablo, hace una propuesta totalmente contraria a la ley romana. Propone que Pablo vaya a Jerusalén y sea juzgado allí ante él.

Lucas menciona el motivo de la propuesta: Festo quiere hacer un favor a los judíos. La principal preocupación de Festo es ganarse el favor de los judíos, como ocurrió con Félix (Hch 24:27) y Pilato (Mar 15:15). Quiere quedar bien con ellos. Una buena relación con los judíos es más importante para él que hacer justicia a un prisionero que causa problemas, o al menos es acusado de hacerlo. Prevé que su liberación solo le causará grandes problemas.

Pablo se da cuenta de sus intenciones. Antes quería ir a Jerusalén, pero ahora ya no. No quiere comparecer ante un tribunal judío, sino ante el tribunal del emperador. Al apelar al emperador, reconoce el camino del Señor con él, que lo sacó de Jerusalén. También reconoce el tribunal del emperador y apela a él. El tribunal en el que se sienta Festo es el del emperador. Festo, como su representante, ejerce su autoridad.

Los primeros cristianos sufrieron muchas injusticias, pero las acusaciones eran siempre infundadas. Obedecían las leyes dictadas por el gobierno, por lo que no se les podía acusar por ese motivo. Lo que sufrían se debía al hecho de ser cristianos (1Ped 4:15-16).

Pablo también apela a la conciencia de Festo diciéndole que sabe bien que él, Pablo, no hizo ningún mal a los judíos. Con su declaración descalifica a Festo como juez. Pablo expresa su sumisión ante la ley. Si hubiera hecho algo digno de muerte, no se negaría a morir.

Incluso acusa veladamente a Festo de querer entregarlo a los judíos como un favor. No puede aceptarlo sin más. Por eso apela al emperador. Si nos preguntáramos si no habría hecho mejor en poner su causa en manos de Dios, en cualquier caso queda claro que Dios controla las circunstancias de tal manera que Pablo llega a Roma, como el Señor le había dicho antes (Hch 23:11). Allí testificaría ante el mismísimo emperador.

También cabe preguntarse si Pablo no debería haber puesto mejor su causa en manos de Dios. ¿No es más bien nuestro deber recordar a la gente su responsabilidad y que esta también se aplica, en algunos casos, a lo que el gobierno nos pide?

No se trata de oponerse a todas las decisiones equivocadas que toma un gobierno ni a todas las leyes erróneas que promulga. Como se mencionó anteriormente, Pablo nunca ha llamado a atacar al gobierno por todo lo que está mal. Incluso dice que debemos someternos al gobierno sin cuestionarlo. Tan pronto como el gobierno ordena algo que debemos hacer o no hacer y nuestro testimonio ante el Señor está en juego, podemos recurrir a los caminos previstos para ello. Por eso Pablo apela aquí al emperador.

Parece que Festo no contaba con esto. ¿Qué debe hacer ahora? No puede liberar a Pablo, porque entonces los judíos se rebelarían. Pablo no quiere ir a Jerusalén y no puede obligarlo a hacerlo, porque es ciudadano romano. Antes de decidir, consulta con su consejo qué es lo mejor. Utiliza la consulta con ellos para evitar una disputa.

Lucas no nos dice qué se discutió. Eso no es importante, porque el resultado es que Festo confirma la apelación de Pablo. El Señor ha determinado que Pablo vaya a Roma. Con las palabras: «Al César has apelado, al César irás», Festo asegura a Pablo que irá al emperador en Roma.

13 - 22 Festo lleva el caso ante Agripa

13 Pasados varios días, el rey Agripa y Berenice llegaron a Cesarea y fueron a saludar a Festo. 14 Como estuvieron allí muchos días, Festo presentó el caso de Pablo ante el rey, diciendo: Hay un hombre que Félix dejó preso, 15 acerca del cual, estando yo en Jerusalén, los principales sacerdotes y los ancianos de los judíos presentaron acusaciones contra él, pidiendo sentencia condenatoria contra él. 16 Yo les respondí que no es costumbre de los romanos entregar a un hombre sin que antes el acusado confronte a sus acusadores, y tenga la oportunidad de defenderse de los cargos. 17 Así que cuando se reunieron aquí, sin ninguna demora, al día siguiente me senté en el tribunal y ordené traer al hombre. 18 Y levantándose los acusadores, presentaban acusaciones contra él, [pero] no de la clase de crímenes que yo suponía, 19 sino que [simplemente] tenían contra él ciertas cuestiones sobre su propia religión, y sobre cierto Jesús, [ya] muerto, de quien Pablo afirmaba que estaba vivo. 20 Pero estando yo perplejo cómo investigar estas cuestiones, le pregunté si estaba dispuesto a ir a Jerusalén y ser juzgado de estas cosas allá. 21 Pero como Pablo apeló que se lo tuviera bajo custodia para que el emperador [diera] el fallo, ordené que continuase bajo custodia hasta que yo lo enviara al César. 22 Entonces Agripa [dijo] a Festo: A mí también me gustaría oír al hombre. Mañana —dijo [Festo]— lo oirás.

Se ha decidido que Pablo vaya a ver al emperador en Roma. Esto no significa que será transportado de inmediato. Aún es necesario realizar los preparativos pertinentes. La mayor preocupación de Festo es encontrar una razón plausible que justifique el traslado de este prisionero ante el emperador.

Para su alegría, el rey Agripa y Berenice aparecen al cabo de unos días. Vienen a felicitar a Festo por su nuevo cargo. Su llegada es un alivio, ya que Agripa conoce bien las costumbres judías. El rey Agripa está acompañado por Berenice, su hermana, con quien vive.

Festo presenta el caso de Pablo a Agripa y le relata cómo sucedieron los hechos. Como todos, Festo expone el caso de la manera más favorable para sí mismo. Se muestra como un sincero defensor de la justicia, como si esta debiera seguir su curso y él estuviera comprometido con ella. Los hechos son los que él conoce. Dice que su predecesor, Félix, dejó en la cárcel a un hombre sobre el que recibió en Jerusalén una acusación de los judíos que pedían su condena.

Con semblante serio, cuenta también cómo respondió a los judíos que los romanos no acostumbran a entregar a un hombre por simple favor. Olvida que él mismo actuó con Pablo solo para complacer a los judíos (versículo 9) y que Pablo le acusó de ello de manera velada (versículo 11).

Menciona cómo hizo comparecer sin demora a Pablo ante su tribunal y escuchó a los acusadores. Las sospechas que tenía sobre el posible mal comportamiento de Pablo resultaron infundadas. Las acusaciones se referían únicamente a algunos puntos de desacuerdo sobre su propia religión. También había recogido algo sobre «cierto Jesús, [ya] muerto, de quien Pablo afirmaba que estaba vivo».

La forma en que Festo habla del Señor Jesús es sumamente indiferente. Festo ha escuchado el núcleo del evangelio, del que transmite un resumen a Agripa: que el Señor Jesús murió y resucitó (1Cor 15:3-4). Para Festo, la historia de la resurrección no es más que una superstición judía. Festo no dice ‘revivir’ ni habla de la ‘resurrección’. En definitiva, Festo expresa la inocencia de Pablo. Una vez más, el testimonio de la inocencia de Pablo sale de la boca de un funcionario pagano.

Como ya no sabía qué más hacer en este caso, sugirió que Pablo fuera a Jerusalén para ser juzgado allí. Omite las razones de su propuesta a Agripa. Inmediatamente después menciona que la reacción de Pablo fue apelar al emperador. Festo aceptó dicha apelación, ordenando que se le mantuviera prisionero hasta el momento en que fuera enviado al emperador.

A través de este informe, Agripa se ha interesado tanto por Pablo que indica que quiere oír al hombre en persona. Festo le promete que mañana le dará la oportunidad de hacerlo.

23 - 27 Pablo llevado ante Agripa

23 Así que al día siguiente, cuando Agripa y Berenice entraron al auditorio en medio de gran pompa, acompañados por los comandantes y los hombres importantes de la ciudad, por orden de Festo, fue traído Pablo. 24 Y Festo dijo: Rey Agripa y todos los demás aquí presentes con nosotros; [aquí] veis a este [hombre] acerca de quien toda la multitud de los judíos, tanto en Jerusalén como aquí, me hizo una petición declarando a gritos que no debe vivir más. 25 Pero yo encontré que no había hecho nada digno de muerte; y como él mismo apeló al emperador, he decidido enviarlo. 26 Pero no tengo nada definido sobre él para escribirle a mi señor. Por eso lo he traído ante vosotros, y especialmente ante ti, rey Agripa, para que después de que se le interrogue, yo tenga algo que escribir. 27 Porque me parece absurdo, al enviar un preso, no informar también de los cargos en su contra.

Al día siguiente ocurre el extraordinario encuentro entre los distinguidos de la sociedad y la escoria del mundo (1Cor 4:13b). Agripa y Berenice entraron en el auditorio con gran pompa y ceremonia, acompañados por los comandantes y otras personas prominentes de la ciudad. Cuando tomaron asiento, Festo ordenó que trajeran a Pablo ante ellos. En medio del esplendor mundano, aparece un hombre pequeño y encadenado.

Así, el Señor cumplió su palabra cuando dijo que Pablo llevaría su nombre ante los reyes (Hch 9:15). El acusado Pablo se enfrenta a personas de moral depravada. Nunca antes había tenido tal audiencia.

Cuando Pablo está a punto de abrir la boca, la escena cambia. Entonces los jueces se convierten en acusados y el acusado en juez. Puede que la compasión llenara los corazones de los dignatarios presentes al ver al pobre prisionero, pero aún más compasión debió de llenar el corazón de Pablo al ver el vacío de estas almas perdidas.

Festo abre la sesión. Con las palabras «[aquí] veis» señala a Pablo como una curiosidad. Este es el hombre que ha conseguido enemistarse con toda la multitud de judíos hasta tal punto que solo desean una cosa: su muerte. Pero, continúa Festo, no he podido descubrir qué ha hecho para merecer la pena de muerte.

Una vez más, Festo testifica ante Agripa la inocencia de Pablo, pero ahora lo hace delante de todos los dignatarios de la ciudad (versículos 18,25). Sin embargo, no pudo liberarlo porque el prisionero apeló al emperador. Ha estimado dicho recurso y, por tanto, lo enviará al emperador.

Entonces Festo plantea el problema al que se enfrenta ahora. Debe enviar a Pablo ante el emperador, pero aún no ha podido formular una acusación concreta. Festo ha puesto sus esperanzas en Agripa, esperando que pueda ayudarle a redactar algo para no quedar mal al enviar a Pablo a Roma.

Festo habla en este contexto del emperador como «mi señor». ‘Mi señor’ es una designación para el emperador en sentido divino. Es el reconocimiento de la condición divina del emperador. Por lo tanto, también es ofensivo para los romanos que los cristianos no reconozcan a ningún otro Señor que no sea Jesús.

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