Introducción
Al describir a una persona, podemos hacerlo desde diferentes perspectivas. Por ejemplo, podemos destacar a alguien como padre de familia, o describirlo como colega o vecino. Así, los cuatro evangelistas, bajo la inspiración del Espíritu Santo, relatan la vida del Señor Jesús durante su estancia en la tierra. En las cuatro biografías que encontramos en la Biblia, Mateo presenta al Señor Jesús como Rey, Marcos lo muestra como Siervo, Lucas lo describe como el verdadero Hombre y Juan escribe sobre Él como el Hijo eterno de Dios.
El objetivo de este Evangelio es que veamos al Señor Jesús como un Siervo. Por eso se ha elegido como subtítulo de este libro la frase: «He aquí mi siervo» (Isa 42:1). Quien lea este Evangelio con el deseo de verlo como Siervo, llegará a conocerlo como aquel que tomó la forma de siervo (Fil 2:7), para ser Siervo por toda la eternidad (Luc 12:37).
Ger de Koning
Middelburg, septiembre 2009, nueva versión 2018, traducido 2026
Objetivo del Evangelio según Marcos
De los cuatro evangelistas, Marcos ofrece el relato más claro del orden histórico del servicio del Salvador. Lo presenta como el verdadero Siervo (Isa 53:11), en contraste con Israel, que se ha convertido en siervo infiel. En este Evangelio lo vemos bajo la humilde forma de un siervo (Fil 2:6-8; cf. Éxo 21:6; Luc 12:37; Heb 5:8). Marcos escribe a los cristianos gentiles, para que aprendan a servir siguiendo el ejemplo del verdadero Siervo.
En comparación con los demás Evangelios, en este no hay muchas palabras del Señor, pero leemos más sobre su trabajo y servicio. Esto se expresa de manera concisa en el versículo clave de este Evangelio, que también puede servir como encabezamiento: «Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos» (Mar 10:45). Este versículo es también la conexión entre las dos partes de este Evangelio. La primera parte trata de su servicio, mientras que la segunda trata de Él como sacrificio, es decir, como ofrenda por el pecado.
El autor Marcos
El hecho de que se permitiera especialmente a Juan Marcos escribir este Evangelio es una prueba particular de la gracia de Dios. Compañero de Pablo y Bernabé, los abandonó en su primer viaje misionero por la obra del Señor (Hch 12:12,25; 13:13). Incluso fue la causa de la amargura y la separación entre estos dos siervos del Señor (Hch 15:37,39). Pero Dios es el Dios de la segunda oportunidad. Marcos fue restaurado de este fracaso (Col 4:10; 2Tim 4:11; 1Ped 5:13), de modo que él mismo, quien fue un siervo infiel, puede ahora escribir sobre el Siervo fiel.