1 - 6 Para que la iglesia reciba edificación
1 Procurad alcanzar el amor; pero también desead ardientemente [los dones] espirituales, sobre todo que profeticéis. 2 Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios, pues nadie [lo] entiende, sino que en [su] espíritu habla misterios. 3 Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación. 4 El que habla en lenguas, a sí mismo se edifica, pero el que profetiza edifica a la iglesia. 5 Yo quisiera que todos hablarais en lenguas, pero [aún] más, que profetizarais; pues el que profetiza es superior al que habla en lenguas, a menos de que [las] interprete para que la iglesia reciba edificación. 6 Ahora bien, hermanos, si yo voy a vosotros hablando en lenguas, ¿de qué provecho os seré a menos de que os hable por medio de revelación, o de conocimiento, o de profecía, o de enseñanza?
En el capítulo que comienzas ahora, se compara dos dones: profetizar y hablar en lenguas. Es posible que hayas oído hablar de hablar en lenguas. La forma en que la gente lo menciona puede confundirte. A menudo se presenta como una «segunda bendición». Con esto quieren decir que, aunque ya te hayas convertido y hayas recibido el Espíritu Santo, para ser un cristiano de pleno derecho también deberías poder hablar en lenguas. Este razonamiento no es correcto en absoluto.
Hablar en lenguas se explica claramente en la Biblia, como verás en este capítulo. Aquí se compara profetizar con hablar en lenguas. Verás que, evidentemente, la balanza se inclina hacia la profecía. Esto se debe a que profetizar es para la edificación de la iglesia. Por eso los corintios, y tú también, están llamados a esforzarse más por este don.
V1. Has visto en el capítulo 13 que el amor debe ser el motivo para practicar cualquier don. Sin embargo, si quieres guiarte por el amor – e incluso aquí se dice que debes perseguirlo, que debes esforzarte decididamente por conseguirlo –, entonces estarás dispuesto a servir sinceramente a la iglesia con tu don. El amor consiste en servir a los demás y no a ti mismo.
El servicio a la iglesia se manifestará mejor profetizando, y puedes dedicarte a ello, pero debes saber qué es profetizar. En 1 Pedro 4 encontrarás una buena definición: «El que habla, [que hable] conforme a las palabras de Dios» (1Ped 4:11). Eso significa que, cuando alguien transmite algo, debe ser algo que salga directamente de la boca de Dios.
Para poder transmitir las palabras de Dios, una persona debe vivir cerca de Dios en su vida cotidiana. Eso no es un privilegio de una sola persona, sino que debería ser el deseo de cada hijo de Dios. Debería ser obvio que todo creyente lo desee. Sin embargo, hay muchas cosas que pueden impedirte vivir cerca de Dios. Por eso dice que debes perseguirlo.
V2. Hablar en lenguas es totalmente distinto de profetizar. Este don no se dirige a las personas, sino a Dios. Eso parece mucho más elevado, y eso es lo que pensaban también los corintios y lo que siguen pensando muchos cristianos, pero no es cierto. Al menos, a mí me parece que ese es el resultado honesto de la comparación detallada que Pablo hace en este capítulo entre estos dos dones.
V3. Un concepto erróneo muy extendido es que profetizar en la iglesia, tal como se menciona aquí, está relacionado con predecir el futuro. Se oye hablar con frecuencia de personas que se presentan como profetas. En varias denominaciones de la cristiandad se levantan para decir cosas que les sucederán a otros en el futuro. A veces estas cosas se cumplen. Esta actuación contrasta con la palabra de Dios. Sólo Dios sabe cómo se desarrollará tu vida en el futuro y Él te mostrará personalmente todo lo que debes saber paso a paso si vives con Él.
Otra cosa es cuando vas por mal camino y alguien te advierte de que acabarás mal si sigues así. Pero eso no es nada nuevo, pues está escrito en la palabra de Dios. El hermano o la hermana que te está advirtiendo, en realidad está profetizando, pero en un sentido de exhortación.
Según el versículo 3, la «exhortación» forma parte de la profecía. Quien se relaciona así con sus hermanos en la fe, tiene como objetivo servir al prójimo. Por tanto, la exhortación es una forma de profetizar. Pero aún se mencionan dos elementos más: hablar a los hombres para edificación y consolación.
La «edificación» consiste en dar firmeza a la vida de fe de los miembros de la iglesia. Mostrando a los creyentes, basándose en la Biblia, el lugar que han recibido ante Dios y en el mundo por la obra del Señor Jesús, serán más capaces de vivir de un modo que agrade a Dios.
La «consolación» es también un elemento crucial de la profecía. Mientras los creyentes vivan en la tierra, tendrán que enfrentarse a cosas tristes. Dios y el Señor Jesús lo saben y dan consuelo donde es necesario.
¿Ves que es necesario vivir cerca de Dios para ser capaz de profetizar? Sólo Él sabe lo que necesitan los corazones de los suyos. Por eso, lo excelente de una reunión en la que «dos o tres profetas hablen» (versículo 29) es que cada uno de los presentes oye algo que necesita, aunque el orador no sepa en qué está ocupada cada persona. ¿Te ha ocurrido alguna vez que en una reunión se haya dicho algo que parecía destinado sólo a ti? Puede que estuvieras preocupado por algo y, de repente, la palabra que se dijo parecía ser exactamente la respuesta a tu problema. Así es la profecía. Experimentas estar en presencia directa de Dios.
Eso es lo que le ocurrió a la mujer samaritana cuando el Señor Jesús hablaba con ella en Juan 4. Era una mujer de vida fácil. El Señor le dice que ha tenido cinco maridos y que el hombre con quien vive ahora no es su marido. Entonces la mujer dijo: «Señor, me parece que tú eres profeta» (Jn 4:19). Sintió que estaba en la luz de Dios, donde nada puede ocultarse.
Muchas personas han experimentado una conciencia similar al oír a alguien predicar el evangelio sobre la depravación del hombre. Muchos han dicho del predicador de la Palabra: ‘Parece como si ese hombre conociera mi vida.’ Para muchos, esto se ha convertido en una bendición, como para la mujer samaritana, cuando reconocieron que era la voz de Dios la que oían.
Ese sigue siendo el objetivo de Dios con la profecía. Quiere hablar a los corazones y a las conciencias, tanto de creyentes como de incrédulos, para bendecirlos al final. Para ello, quiere utilizar principalmente las reuniones de la iglesia, pues ese es el tema de este capítulo.
V.4. La cuestión es que un don sirve para edificar a los demás. ¿Qué ocurre cuando alguien habla en lenguas? Solo se edifica a sí mismo. No sirve de nada a los demás, pues nadie le entiende. Por eso Pablo prefiere profetizar a hablar en lenguas.
V.5. Incluso dice que el que profetiza es más que el que habla en lenguas. Fue una lección bastante fuerte para los corintios. Les gustaba mucho hablar en lenguas. Solo hay una circunstancia en la que hablar en lenguas beneficia a la iglesia: cuando lo que se dice se interpreta en la lengua local.
V.6. En cualquier caso, Pablo quería ser de utilidad para los creyentes de Corinto y de todas partes. Eso no ocurriría si llegara y hablara «en lenguas». De hecho, eso le habría hecho muy admirado. Aquella gente habría dicho: «¡Ese hombre es fantástico!», pero la iglesia no se habría edificado por ello.
No, cuando visitaba a los creyentes, le gustaba llegar con una «revelación». Quería decirles algo sobre Dios y el Señor Jesús que aún no sabían. La palabra de Dios no estaba completa en ese tiempo y por eso Dios seguía dando revelaciones. Ahora tenemos la palabra de Dios completa, por eso ya no necesitamos nuevas revelaciones (Col 1:25).
También quiso acercarse a ellos con «conocimiento». Tenía un gran conocimiento del Antiguo Testamento. En el capítulo 10 demostró el valor que este conocimiento tiene para los creyentes y aún podría haber añadido mucho más (1Cor 10:1-13).
O quería servirles «profecía». ¡Qué edificación, exhortación y consuelo podría haberles dado!
La «enseñanza» también es importante; toda la carta a los Romanos lo demuestra.
Son cosas de verdadero provecho para los creyentes, que pueden absorber con el corazón. Es algo con lo que pueden ponerse manos a la obra.
Lee de nuevo 1 Corintios 14:1-6.
Para reflexionar: ¿Cuál(es) es (son) la(s) condición(es) para poder profetizar?
7 - 19 Orar y cantar con entendimiento
7 Aun las cosas inanimadas, como la flauta o el arpa, al producir un sonido, si no dan con distinción los sonidos, ¿cómo se sabrá lo que se toca en la flauta o en el arpa? 8 Porque si la trompeta da un sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla? 9 Así también vosotros, a menos de que con la boca pronunciéis palabras inteligibles, ¿cómo se sabrá lo que decís? Pues hablaréis al aire. 10 Hay, quizás, muchas variedades de idiomas en el mundo, y ninguno carece de significado. 11 Pues si yo no sé el significado de las palabras, seré para el que habla un extranjero, y el que habla será un extranjero para mí. 12 Así también vosotros, puesto que anheláis [dones] espirituales, procurad abundar [en ellos] para la edificación de la iglesia. 13 Por tanto, el que habla en lenguas, pida en oración para que pueda interpretar. 14 Porque si yo oro en lenguas, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto. 15 Entonces ¿qué? Oraré con el espíritu, pero también oraré con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero también cantaré con el entendimiento. 16 De otra manera, si bendices [solo] en el espíritu, ¿cómo dirá el Amén a tu acción de gracias el que ocupa el lugar del que no tiene [ese] don, puesto que no sabe lo que dices? 17 Porque tú das gracias bien, pero el otro no es edificado. 18 Doy gracias a Dios porque hablo en lenguas más que todos vosotros; 19 sin embargo, en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para instruir también a otros, antes que diez mil palabras en lenguas.
V7. Ahora Pablo demostrará con algunos ejemplos lo que ocurre cuando no se interpreta el hablar en lenguas. Utiliza como referencias una flauta, un arpa y una trompeta para hacer una comparación. Primero la flauta y el arpa. Solo por la melodía puedes saber qué canto se entona. Cuando los niños toman una flauta, pueden soplar el mismo tono durante mucho tiempo. Con su imaginación, entonan una canción, pero aun así tienen que explicarme cuál es, ya que no puedo reconocerla porque no hay melodía. Cuando toman una guitarra hacen lo mismo: simplemente golpean las cuerdas, y de nuevo tengo que preguntarles qué canción estaban tocando si quiero saberlo.
V8. El segundo ejemplo tiene que ver con la guerra. Para estar preparado para luchar, el soldado debe estar atento al sonido de la trompeta. Antiguamente, cuando no había amplificadores de sonido, equipos de radiodifusión ni Internet, la trompeta se utilizaba para transmitir mensajes. Cada señal transmitida a través de la trompeta tenía un significado distintivo. Así, también había una señal para que los guerreros se prepararan para la guerra. Por tanto, el hombre de la trompeta tenía una gran responsabilidad. En caso de guerra, no podía arriesgarse a soplar solo un suspiro o al aire, pues eso solo podría causar ceños fruncidos, confusión e irritación, mientras que nadie se prepararía para la guerra.
V9. Esto es lo que ocurre cuando alguien habla en lenguas. Como nadie entiende nada, no produce ninguna reacción entre los presentes. No son más que palabras vacías que a nadie le sirven.
V10. Intenta escuchar atentamente los sonidos del mundo que te rodea. En la naturaleza, cada animal tiene su propio sonido. Enseñamos a los niños desde pequeños: ‘¿Qué dice un perro?’ ‘¿Qué dice un gato?’. También puedes distinguir los distintos pájaros por la forma en que canturrean o cantan (o lo que sea que hagan). Si trabajas en una fábrica o en un lugar de trabajo, allí oyes otros sonidos. Cada sonido tiene su propio tono. Para reconocer un sonido, debes estar acostumbrado a él.
V11-12. Pablo aplica esto de nuevo al hablar en lenguas. Debes conocer la lengua extranjera que se habla para entender lo que se dice; de lo contrario, estás fuera de ella. No participas en ella, sois extraños los unos para los otros.
Una vez estuve en un barco ruso con otras personas para predicar el evangelio. El capitán del barco tradujo lo que habíamos cantado y dicho; de lo contrario, no servía de nada a nadie, por supuesto. No hablo ni una palabra de ruso; tampoco entiendo nada. Te sientes totalmente incapaz de decir algo a esas personas y de aclararles nada. Allí se trataba de predicar el evangelio a los no creyentes. En la iglesia se trata de los creyentes y, para ellos, de recibir edificación.
Pablo no se cansa de repetir una y otra vez cuál es la norma para la práctica de los dones: la edificación de la iglesia. Edificar a la iglesia es algo que ocurre conscientemente, con comprensión. Una persona que edifica a la iglesia sabe lo que hace y puede ser cuestionada por ello. Otras personas pueden juzgarlo (versículo 29).
V13. Al buscar la práctica de su don, los corintios debían recordarlo bien. Si alguien deseaba hablar en lenguas, debía tener al mismo tiempo una oración en el corazón para poder interpretar lo que había dicho, pues solo así beneficia a la iglesia.
V14. Orar en lenguas ocurre sin entendimiento. Sucede con el espíritu, no con el entendimiento. Quien habla en lenguas ni siquiera sabe por sí mismo lo que dice. Ocurre sin su entendimiento. En el versículo 2 lees que quien habla en lenguas, habla misterios en el espíritu. Lo que dice no es verificable por los demás.
V15-16. ¿Cómo debe ser? Orar y cantar ocurren con el espíritu. Es una actividad espiritual en la que te diriges a Dios. No es algo en lo que no participe tu entendimiento. Cuando pronuncias una oración o cantas una canción, también lo haces con todo tu entendimiento. Sabes lo que dices y sabes lo que cantas. No te dejas llevar por un capricho o por algún sentimiento que surja de repente. Un cristiano es alguien que actúa con pleno entendimiento y perspicacia.
Se trata, en efecto, de un entendimiento renovado. Antes vuestro entendimiento estaba oscurecido (Efe 4:18). Podías pensar que entendías muchas cosas, pero te faltaba la concepción correcta de las cosas y no eras capaz de comprender el sentido y la finalidad de tu vida ni de las cosas de Dios y de la iglesia. Solo después de recibir al Señor Jesús pudiste utilizar correctamente tu entendimiento (Mar 5:15; Luc 24:45; 1Jn 5:20).
Tu entendimiento no es la medida de tu inteligencia, sino tu capacidad espiritual de juicio. Aunque no hayas recibido una educación superior según los estándares del mundo, tienes la capacidad de juzgarlo todo gracias a la nueva vida y al Espíritu Santo que ahora mora en ti. Para ser plenamente consciente de esto, debes tener la mente recta, lo que significa que tu objetivo es honrar al Señor Jesús en todo. Quien no utiliza su entendimiento en lo que dice o hace en la reunión no puede esperar el consentimiento, el «amén», de los demás. Al fin y al cabo, no saben lo que se ha dicho, ¿verdad?
V17. Este es el caso de hablar en lenguas, por lo que el entendimiento permanece infructuoso y, por tanto, no funciona. Puede ser una buena acción de gracias, pero nadie puede entenderla y, por tanto, nadie puede decir «amén». Dar gracias también debe servir para edificar. Eso no significa que en una acción de gracias deban presentarse a Dios todas las verdades de fe para que los demás se den cuenta de cuánto sabe una persona de la Biblia. No tenemos que decirle a Dios cuánto sabemos de la Biblia. Él lo sabe mejor que nosotros. Al fin y al cabo, Él ha escrito la Biblia.
Una buena acción de gracias seguramente se ajustará a la Biblia, pero será sobre todo una expresión sincera de gratitud hacia Dios y el Señor Jesús. ¿No has experimentado alguna vez que una acción de gracias de un hermano hizo crecer en tu corazón el amor a Dios y al Señor Jesús? En tu corazón también surgieron sentimientos de gratitud y pudiste decir de corazón «amén». (Sólo una nota de pasada: es bueno dar gracias en voz alta y clara, y no demasiado baja. Cuando se da gracias en voz demasiado baja, es posible que los demás creyentes no lo oigan, no sepan lo que se ha orado y no puedan decir «amén»).
V18-19. Pablo estaba agradecido a Dios porque hablaba en lenguas más que todos ellos. Dios le concedió este don para que su ministerio en el evangelio difundiera la buena nueva en muchos países. Sin embargo, cuando se trataba de su ministerio en la iglesia, sólo tenía un deseo: instruir a los demás.
Presta atención a la fuerza con la que se expresa aquí: mejor cinco palabras con entendimiento que diez mil palabras en una lengua. Por supuesto, esto es a modo de comparación. Sin embargo, como observas aquí, tener un ministerio en la iglesia no tiene nada que ver con la duración de un agradecimiento o de un sermón. No pienses que primero tienes que saber mucho de la Biblia y haber desarrollado un gran vocabulario antes de poder expresarte en la reunión. Una acción de gracias en pocas frases de una persona recién convertida ha sido a menudo una gran contribución al crecimiento espiritual de una iglesia local. Y eso es lo que sigue importando: la edificación de la iglesia.
Lee de nuevo 1 Corintios 14:7-19.
Para reflexionar: ¿Por qué es tan importante la edificación de la iglesia?
20 - 25 Las lenguas son una señal para los incrédulos
20 Hermanos, no seáis niños en la manera de pensar; más bien, sed niños en la malicia, pero en la manera de pensar sed maduros. 21 En la ley está escrito: POR HOMBRES DE LENGUAS EXTRAÑAS Y POR BOCA DE EXTRAÑOS HABLARÉ A ESTE PUEBLO, Y NI AUN ASÍ ME ESCUCHARÁN, dice el Señor. 22 Así que las lenguas son una señal, no para los que creen, sino para los incrédulos; pero la profecía [es una señal], no para los incrédulos, sino para los creyentes. 23 Por tanto, si toda la iglesia se reúne y todos hablan en lenguas, y entran [algunos] sin [ese] don o son incrédulos, ¿no dirán que estáis locos? 24 Pero si todos profetizan, y entra un incrédulo, o uno sin [ese] don, por todos será convencido, por todos será juzgado; 25 los secretos de su corazón quedarán al descubierto, y él se postrará y adorará a Dios, declarando que en verdad Dios está entre vosotros.
El don de hablar en lenguas se refiere a dos aspectos:
1. La lengua hablada es una lengua existente.
2. La persona que la habla no la ha aprendido.
Que hablar en lenguas tiene que ver con lenguas existentes se deduce de Hechos 2. Allí se habla en lenguas por primera vez en el Nuevo Testamento. Se menciona que vivían en Jerusalén judíos «de todas las naciones bajo el cielo» y que todos oían a los apóstoles hablar «en su propia lengua» (Hch 2:5-12). Los apóstoles no habían aprendido esas lenguas. Esto se deduce del hecho de que la mayoría de los apóstoles eran «hombres sin letras y sin preparación» (Hch 4:13). También se menciona el don de hablar en lenguas (1Cor 12:10,28). Si has aprendido una lengua, resulta extraño hablar de un don.
V20. La gran cuestión que se plantea es la siguiente: ¿Cuándo se debe practicar este don? También puedes plantear la cuestión de otro modo y preguntarte por qué Dios ha concedido realmente este don. Pablo no da una respuesta predefinida a esta pregunta. Eso sería demasiado fácil. Quiere que los corintios, y nosotros, empecemos primero por reflexionar. Al pensar en algo, llegas conscientemente a una determinada conclusión.
Este «pensar» no debe ocurrir como lo hacen los niños. Los niños no reflexionan, sino que sacan conclusiones inmediatas sin tener conocimiento del asunto. Cuando ven algo que les gusta o disfrutan haciendo algo, no piensan en el significado o el beneficio de ello. Solo piensan en la diversión que les proporciona.
Es importante comprender por qué haces o no haces algo. Ya lo he dicho antes: un cristiano es alguien que actúa conscientemente. Hace las cosas deliberadamente. No necesita pensar en cosas malas y pecaminosas. Incluso está prohibido pensar en ellas conscientemente. En ese sentido, debes ser como un niño. Las cosas malas y malvadas debes rechazarlas directamente, sin ninguna consideración.
Con las cosas que vienen de Dios, debes actuar de otro modo. Debes reflexionar sobre ellas. Debes ser consciente de lo que Dios quiere en cada caso concreto. Así debes responder cuando te encuentres con un caso de hablar en lenguas. Demostrarás madurez espiritual si reflexionas sobre lo que Pablo expone aquí e intentas comprender lo que quiere decir.
V21. Mirad lo que está escrito «en la ley», dice Pablo. Por «la ley» entiende todo el Antiguo Testamento. Como introducción a su argumentación, cita Isaías 28 (Isa 28:11-12), un versículo similar al que se encuentra en Deuteronomio 28 (Deut 28:49). ¿De qué tratan estas dos secciones? Ahora se apela a tu capacidad de pensar, es decir, a tu capacidad espiritual de juicio. Deberías leer estos versículos y también los que los preceden y siguen. Así comprenderás el contexto. En ambos verás que el SEÑOR anuncia el juicio sobre su pueblo Israel a causa de su infidelidad e incredulidad. De hecho, ejecutó ese juicio. Dios utilizó para ello al pueblo de Caldea, es decir, los babilonios, dirigidos por Nabucodonosor.
Por supuesto, este pueblo hablaba otra lengua. Cuando invadieron Jerusalén, los judíos debieron darse cuenta de que era un castigo de Dios por su incredulidad. Así, Dios rompió la conexión con su pueblo y lo entregó a un gobernante extranjero. Lo hizo porque ellos lo abandonaron primero a Él. El hecho de que se dirigiera a ellos en una lengua extraña e incomprensible debería haberlos llevado a reflexionar. Deberían haberse preguntado por qué Dios permitió que gente extraña invadiera su tierra y la gobernara. Cuando ves estos versículos de Isaías 28 y Deuteronomio 28 en este contexto, queda claro que las lenguas, en primer lugar, fueron dadas como señal a los judíos incrédulos.
Eso también se deduce de lo citado de Hechos 2. Quedó claro que, a través de todas las lenguas diferentes que se hablaron el día de Pentecostés, el pueblo de Israel no era el único con el que Dios estaba conectado. Perdieron ese derecho porque rechazaron a su Mesías, el Señor Jesús. A partir de entonces, la salvación de Dios se anunció a todas las naciones. Para llegar a todas esas naciones, Dios dio a los discípulos la capacidad de hablar todas esas lenguas diferentes.
V22. La conclusión es que las lenguas son una señal, no para los creyentes, sino para los incrédulos. Profetizar es exactamente lo contrario. La profecía no es para los incrédulos, sino para los creyentes. Con este enfoque, la distinción entre hablar en lenguas y profetizar queda aún más clara.
V23. Lo que Pablo había dicho anteriormente lo aplica aquí a la reunión de la iglesia. Eso es también lo que debes hacer. Espero que estés en un lugar donde los creyentes se reúnan como iglesia. Puede que ya hayas aprendido en los capítulos anteriores cómo descubrir si te reúnes en el lugar y de la forma adecuados. En los versículos 26-40 se añaden algunos aspectos más. Es bueno que examines, basándote en los versículos que tienes delante, si estás (todavía) en el lugar correcto.
Pablo presenta el caso de que toda la iglesia estaba reunida en un solo lugar, no dividida en numerosas iglesias y denominaciones, y que todos hablaban en lenguas. Evidentemente, la puerta no estaba cerrada con llave, pues se permitía entrar en la reunión a los hombres sin esos dones y a los incrédulos, a la gente de la calle. Si entraban y oían hablar distintas lenguas que no entendían, puedes imaginar sus dudas y asombro ante el caótico grupo de personas con el que se encontraban. No podrían entender nada. No había ningún mensaje para ellos, pues no comprenderían lo que se decía.
V24. De nuevo encontramos el contraste con la profecía. Pablo plantea el caso de que todos profetizan. Eso no ocurría por parte de todos al mismo tiempo, sino que, según el versículo 31, ocurría «uno por uno». Cuando en tal caso entraba en la reunión un incrédulo o un hombre sin dones, el impacto era totalmente distinto. Aún recuerdas lo que es profetizar, ¿verdad? Es hablar las palabras de Dios (1Ped 4:11).
V25. Cuando eso ocurra, será absolutamente evidente que el visitante siente la presencia de Dios y se siente personalmente interpelado. Ya me referí a Juan 4 en la sección anterior, en relación con la conversación del Señor Jesús con la mujer samaritana.
Qué grande sería que los creyentes se reunieran de tal manera que ocurrieran cosas como esa. Sólo es posible cuando tenemos una mentalidad espiritual y una relación viva con Dios y con el Señor Jesús. Al fin y al cabo, profetizar es hablar desde la presencia de Dios. Entonces, en primer lugar, demostraremos en nuestras vidas que tenemos en cuenta su voluntad. Estaremos dispuestos a obedecerle en todos los aspectos de nuestra vida cotidiana.
Ni que decir tiene que es inimaginable que vivamos de manera decadente en nuestra vida cotidiana, sin tener en cuenta a Dios y su voluntad, y que de repente nos volvamos espirituales en la reunión. Uno no puede ser más en la reunión de lo que es en su vida cotidiana. Aun así, nadie es perfecto, pero quien realmente quiera vivir con el Señor, reconocerá sus tropiezos para que la comunión con el Padre y el Hijo se restablezca rápidamente.
Una compañía de cristianos que viva así con Dios y con el Señor Jesús podrá experimentar en su vida las cosas que aquí se describen. Si es tu deseo experimentar esto, no puedes hacer nada mejor que asegurarte de permanecer tú mismo cerca del Señor Jesús y ser llenado por Él.
Lee de nuevo 1 Corintios 14:20-25.
Para reflexionar: ¿Cómo vives la reunión en la que los creyentes profetizan?
26 - 33 Cuando os reunís
26 ¿Qué hay [que hacer], pues, hermanos? Cuando os reunís, cada cual aporte salmo, enseñanza, revelación, lenguas [o] interpretación. Que todo se haga para edificación. 27 Si alguno habla en lenguas, que [hablen] dos, o a lo más tres, y por turno, y que uno interprete; 28 pero si no hay intérprete, que guarde silencio en la iglesia y que hable para sí y para Dios. 29 Y que dos o tres profetas hablen, y los demás juzguen. 30 Pero si a otro que está sentado le es revelado algo, el primero calle. 31 Porque todos podéis profetizar uno por uno, para que todos aprendan y todos sean exhortados. 32 Los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas; 33 porque Dios no es [Dios] de confusión, sino de paz, como en todas las iglesias de los santos.
V26. Ahora Pablo nos va a decir cómo debe ser la reunión de los creyentes. Empieza con la pregunta: «¿Qué hay [que hacer], pues, hermanos?». Es bueno que te acostumbres a hacerte esta pregunta y escuches la respuesta que está escrita en los versículos siguientes. La importancia que estos versículos tengan para ti personalmente depende de la actitud con la que vayas a la reunión. ¿Cómo y por qué asistes a la reunión? ¿Es porque tienes que hacerlo o realmente te gusta estar allí? Me imagino que a veces te apetece menos ir de lo que sueles, pero si amas al Señor, en general te gustará estar con otros que también le aman. Luego sigue la pregunta con la que comienza el versículo 26: «¿Qué hay [que hacer], pues?»
Cuando además dice «cada cual aporte...», entonces también se aplica a ti. La cuestión es que vayas a la reunión con ‘algo’ y no con las manos vacías (Deut 16:16), es decir, con el corazón vacío. Por eso es importante que te prepares para la reunión. Esa preparación no consiste simplemente en buscar una canción o leer una sección de la Biblia justo antes de ir. Se trata de tu vida con el Señor, tal como la experimentas a diario. En realidad, toda tu vida es una preparación para la reunión. Las reuniones son los momentos culminantes en la vida de un creyente.
En Deuteronomio 26 encuentras un bonito ejemplo de cómo quería Dios que los israelitas se acercaran a Él en el lugar donde moraba. Cuando los israelitas se establecieron en la tierra y comenzaron a cosechar sus frutos, Él deseaba recibir los primeros frutos de la tierra (Deut 26:1-11). Espiritualmente también es así. Cuando en tu vida cotidiana te das cuenta cada vez más de lo que el Señor Jesús te ha dado, Él, como el Primero, quiere oír de tu boca lo mucho que has disfrutado de ello. Cada vez puedes darle gracias por lo que has leído.
Le encanta oír de ti lo que te ha conmovido de su Palabra. Acostúmbrate a contarle lo que has descubierto en la Biblia. Y cuando vayas a la reunión, notarás que tu corazón está lleno de Él. Así es como Dios quiere encontrarse contigo, junto con otros creyentes que también se han ocupado del Señor Jesús de esta manera.
En Deuteronomio 16 está escrito que no debemos presentarnos con las manos vacías ante el Señor (Deut 16:16). ¿Significa entonces que, en caso de que no hayas conseguido estar ocupado con las cosas del Señor Jesús debido a mucho trabajo o por enfermedad, no debes ir a la reunión? No, en absoluto. A mí también me ocurre a veces que me siento bastante «vacía». Es maravilloso que en esos momentos haya otros hermanos y hermanas que estén alabando y adorando al Señor desde la plenitud de su corazón. Entonces yo, por así decirlo, soy capturada por ello y experimento admiración por el Señor. Pero, al fin y al cabo, de lo que se trata es de que cada persona tenga algo.
Sin embargo, si todos tienen algo, eso no significa que la reunión se produzca realmente de un modo agradable a Dios. En Corinto todos tenían algo. Pero parece que la reunión se desarrolló de forma bastante desordenada, pues Pablo está dando instrucciones para que todo se ponga en orden. Cuando todos tienen algo y todos quieren aportarlo, existe un gran riesgo de que se convierta en un desorden.
Aunque todos tengan algo, eso no significa que todos deban expresarlo de forma audible. La cuestión de si algo es edificante es importante para todas las reuniones. Siempre se trata de la edificación del otro. Cuando en «salmo», «enseñanza», «revelación», etcétera, se busca el interés del otro, entonces se trata claramente de la obra del Espíritu Santo (1Cor 12:7-10). Entonces no hay desorden al hablar ni nadie se adelanta, sino que cada uno espera su turno.
V27-28. Para hablar en lenguas hay una limitación: no pueden hacerlo más de tres personas. Para los corintios, a quienes les encantaba hablar en lenguas, era bastante difícil aceptar esto. Hablar en lenguas en la iglesia también estaba relacionado con una restricción: sólo debía ocurrir si había un intérprete. Si no había intérprete, debían guardar silencio. Junto a la pregunta de si todavía se habla en lenguas y la pregunta de por qué se concedió el don de hablar en lenguas, aquí encuentras algunas condiciones que pueden serte útiles en algunos casos. Basándote en estas condiciones, tú mismo puedes comprobar si el hablar en lenguas se trata adecuadamente.
V29. En cuanto a los profetas, la limitación era la misma: no debían hablar más de tres. Ya se ha tratado en detalle la importancia de este don. Ahora se dice algo a los oyentes: deben juzgar lo que dice el profeta (versículo 29b). En 1 Tesalonicenses 5 se lee el mismo mandato: «No menospreciéis las profecías. Antes bien, examinadlo todo [cuidadosamente]» (1Tes 5:20-21a). En ambos casos, hay que juzgar si el mensaje transmitido está de acuerdo con la Biblia. Es importante que tu juicio no se base en si el mensaje te agrada, en si te gusta el orador o en si sabe hablar bien.
V30. También se espera algo del profeta. Debe ser consciente de que el Espíritu Santo puede querer utilizar a otra persona para transmitir algo. Por tanto, quien profetiza en la iglesia no debe pensar que es el único que puede transmitir un mensaje.
V31. ¿Quiénes son realmente los que pueden profetizar? ¿Es un grupo de personas elegidas? Con el don de profeta ocurre lo mismo que con el don de evangelista. No todos tienen el don de evangelista. En Efesios 4 está escrito que el Señor Jesús dio «a algunos […] evangelistas» (Efe 4:11). Sin embargo, todos están llamados a hacer el trabajo de un evangelista (2Tim 4:5). Esto también se aplica al don de profeta. El don de profetizar no se concede a todos, pero aun así cada uno de nosotros puede profetizar.
¿Recuerdas qué es profetizar? Es hablar para edificación, exhortación y consolación (versículo 3) de los demás. Pues bien, eso es algo de lo que cada hermano debe ser consciente. Cada hermano que vive con el Señor y ama su Palabra puede ser utilizado para transmitir una palabra de consuelo o exhortación (aunque, por supuesto, puede haber excepciones). La primera vez puede resultar bastante difícil. No es necesario que el discurso dure una hora. Pablo habla de cinco palabras en el versículo 19 de este capítulo. Esas se pronuncian rápidamente. Por supuesto, es una forma de decirlo.
Creo que demasiados hermanos dejan este servicio a otros porque piensan que esos otros pueden hacerlo mucho mejor. Es cierto que a menudo hay que vencer cierto miedo a hablar en público. Por otra parte, no es la intención que una persona recién convertida se dirija a la iglesia. Primero debe construir una vida con el Señor. Sin embargo, eso no significa que deba esperar a ser completamente maduro. Entonces podrías esperar mucho tiempo, pues aquí en la tierra nunca dejaremos de aprender. Espero que comprendas lo que quiero decir. Mantente abierto al Señor y verás que Él te utilizará.
V32. Hay otro aspecto significativo en este servicio: el autocontrol. No pienses que en la reunión debes expresar inmediatamente cada pensamiento que se te pase por la cabeza. No puedes excusarte diciendo: ‘Pero el Espíritu me impulsó a hacerlo.’ Está escrito: «Los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas.» Eso significa que cada persona que piensa que debe transmitir algo en la reunión lo hace conscientemente, con consideración y no por un impulso incontrolable. No es así como actúa el Espíritu de Dios. Por ejemplo, si piensas en algo de la Biblia, ¿cómo sabes si el Señor quiere que digas algo al respecto? La pregunta importante que podrías hacerte es: ¿Quiero edificar a la iglesia y glorificar al Señor Jesús, o busco mi propio honor?
V33. Si todos nos reunimos de este modo, mientras las hermanas oran también para que el Señor señale al hermano adecuado y la sección correcta de su Palabra, no habrá desorden, sino paz. Dios es el Dios de la paz y esta paz debe notarse en todas las iglesias. Así, las reuniones de los creyentes serán un oasis en medio de un mundo inquieto.
Lee de nuevo 1 Corintios 14:26-33.
Para reflexionar: ¿Cómo te preparas para la reunión?
34 - 40 Decentemente y con orden
34 Las mujeres guarden silencio en las iglesias, porque no les es permitido hablar, antes bien, que se sujeten como dice también la ley. 35 Y si quieren aprender algo, que pregunten a sus propios maridos en casa; porque no es correcto que la mujer hable en la iglesia. 36 ¿Acaso la palabra de Dios salió de vosotros, o solo a vosotros ha llegado? 37 Si alguno piensa que es profeta o espiritual, reconozca que lo que os escribo es mandamiento del Señor. 38 Pero si alguno no reconoce [esto], él no es reconocido. 39 Por tanto, hermanos míos, anhelad el profetizar, y no prohibáis hablar en lenguas. 40 Pero que todo se haga decentemente y con orden.
V34. En Corinto, las cosas ocurrieron de manera desordenada. Llegarás a esta conclusión por todo lo que Pablo ya les ha escrito. Tuvo que corregir muchas cosas. Uno de los desórdenes era que las mujeres hablasen en las reuniones de la iglesia.
Una mujer tiene muchas capacidades con las que puede servir al Señor. Hay muchos ejemplos de mujeres en la Biblia que han servido al Señor, a veces con más dedicación y perspicacia que los hombres. El Señor lo nota y lo aprecia.
Dios no hace distinción entre pecadores. Hombres y mujeres han pecado y pueden salvarse sin distinción. Cuando se salvan, sigue sin haber diferencia para Dios. En Cristo, el hombre y la mujer son iguales (Gál 3:28). Pero eso no significa que las mujeres tengan la misma posición que los hombres en las reuniones de la iglesia. Está escrito claramente que no deben hablar en la reunión.
Alguna vez se ha dicho que la cuestión sería que charlaban entre ellas. Por supuesto, esto no es cierto, pues charlar también es incorrecto para los hombres. Hablar, como se menciona aquí, es hablar como profeta en la reunión, y eso no es adecuado para una mujer. La razón de ello está escrita a continuación: no encaja con la actitud sumisa que debe tener hacia el hombre.
Esta sumisión no es una invención de Pablo. Desde el principio mismo de la Biblia, Dios le ha concedido a la mujer esta posición. La expresión «como dice también la ley» se refiere a lo que se relata en Génesis 3. Allí se lee sobre la caída. Debido a la acción independiente de la mujer, el pecado entró en el mundo.
Este acontecimiento es el motivo por el que Dios establece claramente el lugar del hombre y de la mujer. El hombre es la cabeza y la mujer debe reconocerle en esa posición, pues él la gobernará (Gén 3:16). Esto no significa en absoluto que Adán no hiciera nada malo. De hecho, su culpa fue mayor porque oyó la prohibición de comer de aquel árbol directamente de Dios. Para él, el pecado también tiene consecuencias (Gén 3:17-19). Así que no hay excusas para Adán.
Como Eva entabló, sin Adán, una conversación con el diablo, que provocó la entrada del pecado en el mundo, Dios determinó que ella está sujeta a la autoridad del hombre. Y esta relación sigue siendo válida. Basta ver lo que dice 1 Timoteo 2 (1Tim 2:11-14). Por supuesto, eso no significa que el hombre pueda explotar a la mujer. Debe tratarla con respeto. Este mandamiento está claramente definido en 1 Pedro 3 (1Ped 3:7). Más bien, hace hincapié en la responsabilidad del hombre de guiar correctamente a la mujer, para que ella no vuelva a caer en la tentación de actuar sin él.
V35. Por tanto, si estas cosas son generales, sin duda deben aplicarse cuando se reúna la iglesia. Es incluso vergonzoso que una mujer hable allí, aunque solo sea para hacer una pregunta. Si quiere que le respondan a una pregunta sobre un tema o un versículo de la Biblia, debe preguntárselo a su propio marido en casa. Esto implica que se espera que el marido sea capaz de responder a las preguntas de su mujer.
Es cierto que nadie conoce la respuesta correcta a todas las preguntas. Un hombre tiene bastantes preguntas propias. Pero creo que algunos hombres descuidan esta responsabilidad diciendo que no son capaces de hacerlo. Toda persona consciente de esta tarea hará todo lo posible por encontrar una respuesta. Existen recursos en forma de libros sobre la Biblia que son útiles a este respecto. A veces hay que esforzarse por ello. Pero, ¿quién no quiere hacer eso por su mujer? Es una gran bendición hablar con tu esposa sobre la Biblia.
Todo tipo de cuestiones del ámbito doméstico querrás analizarlas utilizando la Biblia. Así podréis pensar, por ejemplo, en cómo gastar correctamente vuestro dinero o cómo tomar decisiones sabias respecto a vuestros hijos. Por cierto, estos temas también pueden surgir durante la reunión de la iglesia. Pueden surgir nuevas cuestiones después de lo que se diga al respecto. La gente puede seguir hablando de ello más tarde en casa.
Y aún hay otra pregunta: ‘Pero, ¿qué ocurre si una mujer no tiene marido o si su marido es un incrédulo?’ Es demasiado simplista decir que puede encontrar respuestas en los libros sobre la Biblia. Eso puede ser útil si se trata de la interpretación de un determinado versículo. Sin embargo, la mayoría de las preguntas tienen que ver con la práctica de la vida: cómo afrontar una determinada situación. No hay respuestas estándar para eso. Una posibilidad es que consulte a un matrimonio del que sepa que el marido tiene un oído abierto para su mujer y que también se esfuerza por responder a las preguntas de su esposa.
Quien se atreva a proclamar en voz alta hoy lo que se ha dicho antes no encontrará el favor de quienes consideran que estos versículos están anticuados. Hay muchas personas así y su número va en aumento. Cada vez más cristianos son víctimas del pensamiento moderno, que borra gradualmente la diferencia entre hombres y mujeres. No sólo la gente mundana o los incrédulos hacen eso; de ellos no puedes esperar otra cosa. Los más peligrosos son quienes se hacen pasar por cristianos y te dicen que debes verlo todo de otra manera, más acorde con la época en que vivimos. ¡No te dejes engañar! Aférrate a la Palabra fiable de Dios.
V36. Pablo dice a los corintios: «¿Acaso la palabra de Dios salió de vosotros?». Con esto quiere decir: ‘La palabra de Dios salió de Dios mismo y no de vosotros, ¿verdad?’ No sois quienes para determinar lo que debe suceder en la iglesia, como si Dios no hubiera dicho lo necesario al respecto, ¿verdad? Cuando Dios habla, no puedes hacer nada mejor que entregarte incondicionalmente a ello, aunque eso signifique ir contra la corriente y aunque la mayoría esté en tu contra.
Hay que añadir algo más. No fueron los únicos a quienes alcanzó la palabra de Dios. Lo que Dios tiene que decir, lo dice a todas las iglesias. Podían mirar a su alrededor y ver cómo sucedían las cosas en otras iglesias que tenían en cuenta lo que Dios había dicho. Harían bien en aceptarlo como ejemplo.
V37. Lo que Pablo ha escrito sobre el orden en la iglesia no lo ha inventado él. Tampoco es una simple petición amistosa para que se haga así. «Es mandamiento del Señor». Este mandamiento también es burlado, consciente o inconscientemente, en la cristiandad. Quien se considere profeta, es decir, alguien que transmite un mensaje recibido de Dios, o quien se considere espiritual, guiado por el Espíritu de Dios, no tendrá ninguna dificultad con este mandamiento.
V38. Quien no respete este mandamiento, que se las arregle por su cuenta. Que se aparte. Es inútil intentar convencer a esa persona de este mandamiento.
V39. Pablo concluye su explicación sobre profetizar y hablar en lenguas con una especie de resumen. Por un lado, exhorta a los creyentes de Corinto a profetizar; has visto en este capítulo que todo el énfasis está en este don. Por otro lado, no debían impedir la práctica de hablar en lenguas; has visto en qué casos podía practicarse este don en la iglesia.
V40. Observa que la forma en que Pablo formula aquí sus comentarios es la misma que utiliza a lo largo de todo el capítulo. Se trata de profetizar, mientras que hablar en lenguas tiene una importancia secundaria. En cualquier caso, todo lo que ocurra en la iglesia debe hacerse de manera y en el orden adecuados. Para lograrlo, no es necesario establecer el orden del servicio religioso, como ocurre con demasiada frecuencia en la cristiandad. Si nos dejamos guiar por el Espíritu Santo en la reunión, Él nos mostrará con seguridad el camino para congregarnos y protegerá el orden.
Es sorprendente que en este capítulo no se mencione la guía del Espíritu en la reunión. Aquí se deja claro que lo más importante es que cada creyente asuma su propia responsabilidad en la reunión. No te invade de repente un sentimiento determinado. Dios espera que estés conscientemente presente y participes activamente en la reunión. Tendrás que esforzarte para vivirlo así. Y para ello, el Espíritu Santo quiere darte fuerzas (cf. Fil 3:3).
Ahora vuelve a leer 1 Corintios 14:34-40.
Para reflexionar: ¿A qué se refiere el mandamiento del Señor (versículo 37)?